Así no más con la muerte

Pere Lachaise

La muerte es algo inefable. No se puede, lisa y llanamente, hablar de ella con claridad. Tampoco se puede hablar con ella. He sabido de algunos que tienen el magnífico don de hablar con los muertos, pero jamás con la muerte. Esa nunca da la cara. Yo la he buscado desde siempre, no porque tenga deseos de morir, sino porque tengo ansias de entrevistarla. Siempre he sido muy curiosa, ella siempre ha sido esquiva. Se dice que quien la desea nunca la obtiene y quienes le huyen, la encuentran pronto.

Una vez fui a un funeral, una sola vez en la vida. Vengo de una familia sin muertos, tanto es así que a veces sospecho que somos inmortales. Otras veces me pongo paranoica y pienso que un día nos vamos a morir todos juntos. Nadie sabe, pero lo importante es nunca bailamos con la muerte, siempre andamos de risa en risa y de broma en broma. Quizás a ella no le gustan esas cosas y por eso no se presenta.

La muerte es algo inefable. La busco en cada cementerio de cada ciudad que visito. Jamás la he visto, ni he sentido su aroma, ni su hielo ha rozado mi espalda. Ella me huye mientras yo la persigo sin tregua. Lo único cierto en todo esto es lo que dijo el antipoeta, Nicanor Parra, “La muerte es un hábito colectivo”.