Doscientos cuarenta y tres

Temo que algún día, llegada la vejez, contemple el pasado y descubra que mi vida se resume en una anécdota.

¡Qué sencillez tan abrumadora para un alma tan vanidosa!

La noche se transforma en grandes cuernos que me persiguen para arrancarme el aliento y la vejez se transforma en un sueño. La anécdota se desvanece. Respiro para vencer los miedos, ser más grande que el ego, volar sin noches cornudas, sin mañana.

Doscientos treinta y nueve

Tengo que alejarme cuanto antes 
debo limpiarme
           renovarme
Al igual que Sabines
      me receto abstinencia
                          tiempo
                          soledad
Ya me habían advertido
sobre la dificultad de acariciar
la belleza de un ángel
Hoy frente a mi tristeza lo compruebo
Es definitivo, necesito alejarme
no me tocó la bendición.