Lagunas de viernes por la noche

Quería besar los labios  de quien me dijera que deseaba los míos.
Miré sus ojos y supe que añoraba nadar en ellos. Lucían más rojos que verdes por el alcohol y las drogas que amenazaban sus pasos a lo largo del errante futuro que se había propuesto trazar. Lo miré hasta dejarlo sin otra opción. Acudió a mi llamada.

Es que la morada interior en la que me he refugiado no tiene ya campo para los ojos oscuros que me miraron ayer y no me dejaron seguir mi errabundo camino. De pronto me vi envuelta y encerrada en sus brazos y ya no tuve escapatoria. Tuve que dejar de resistirme y ceder para yacer entre sábanas  de pasto de un parque poblado de árboles y miradas esquivas del dios y su miseria.

*

¿Cuál es la postura que he de adoptar sin relativizarme ante tu juicio menor? Creo en ti más que en los dioses y amo tus besos inexistentes más que la mano que me abriga cada noche sin amor.

*

No me gusta este presente, pero persisto en la inclemencia. Quizás deba regresar a la fuente de vida y volverme a llenar de amor y de vicios antiguos que me ayuden a entender el movimiento del cosmos. ¿De dónde viene todo?, ¿Cuál es el origen que me conecta con la tradición humana y me aleja de la amnesia educativa? La memoria es frágil, nada depende ya de nosotros. Nos olvidamos de nuestros orígenes. Ya no hay elementos y nada  me regresa a la gesta. A la oportunidad  de borrarlo todo de volver a empezar. La mente de un yonqui atraviesa todos los estados. Mi mente se llena de pensamientos de los cuales no puedo escapar. Estoy segura de encontrar grandes respuestas esta noche. Pero la sabiduría me ha abandonado. Los besos no me fueron regalados, me los robó uno de los míos a punta de violencia. Otra vez. Los que vagamos por la vida deseando amor terminamos siempre en los brazos incorrectos. Pero no importa, mi cuerpo y yo no somos lo mismo. Yo soy más que huesos y carne. He de volver a la fuente de vida, tender la mano a los sin amor como yo, hurgar en busca de respuestas y volver a empezar. Cada noche la termino así: con la angustia de enmendar el equivocado trayecto. Pero esta noche (y como siempre para mí) ya es tarde, me voy a dormir para no pensar más… hasta la siguiente apuesta.

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