Doscientos treinta y cuatro

He vivido más de 18 años
y durante mucho tiempo no tuve
esperanza siquiera de ser notificada
por undécima vez de un cumpleaños.

Estoy ad portas de un nuevo aniversario
más que 18, muchísimo más que 11.

He construido un endeble existir 
que no deja de manifestarse
en palabras mudas y confusión
que retratan el crítico epígrafe
que me ha estado esperando siempre. 

Doscientos treinta

Soy el camino a la nostalgia,
a la distancia,
puedes comenzar a recorrerme,
a descifrarme enigma.

*

Como en Urzagasti
soy la llanura solitaria,
la que no promete
y esconde tesoros tras la nada.

*

Pon tus pasos sobre mis huellas
y no te desanimes,
no pierdas el alma
por miedo a recuperarla.

Doscientos veintinueve

La muralla de rocas que me aparta del mar
se abre para mostrarme ese país herido
donde una vieja pordiosera
(llamada también pueblo)
 hierve los buenos recuerdos
(de todo pasado que fue mejor)
en una olla de rabia e impotencia
para sacar de los huesos el calcio
y bebérselo a modo de consuelo. 

Doscientos veintisiete

No tengo pasado
mi vida comenzó en París hace unos meses
y sin embargo aún no he querido vivirla.

Quizás porque París se olvidó de mí
vomitó su vanguardia artística sobre mis poemas
y hundió mis cuentos en el río bajo el puente de los candados.

Primero me besó con los labios de Pascal en las calles de Belleville
Luego cerró los ojos para dormir y en el trayecto onírico me olvidó.
Desde entonces vago sin pasado, sin futuro
y con apenas fuerzas para (re)comenzar.