Diferente, nunca inferior

LunaBaxter

(Imagen tomada de internet)

Hace unos días llegué a la Universidad y sin previo aviso comencé a recibir una avalancha de abrazos y felicitaciones. Por un momento me desconcerté, pensé que era mi cumpleaños, pero no: era el día internacional de la mujer. Es muy extraño ser asaltada por felicitaciones un día cuyo simbolismo no me gusta ni me representa. No quiero que me feliciten por ser mujer, no me gusta que hayan instalado un día en el cual me abrazan y luego, si me algo me molesta, me acusen de “andar en esos días” o de histérica, como si las mujeres no tuviésemos derecho a molestarnos. No quiero que me feliciten si al día siguiente insultarán a las mujeres que han abortado o que se manifiestan a favor de dicha iniciativa; si harán comentarios agresivos u ofensivos contra una mujer que decide  no ser madre, vestir sexy, no maquillarse, no peinarse, andar con buzo, engordar o lo que sea. No me interesa que me feliciten por ser mujer como si fuese un logro, un milagro, una cosa exótica. Desde ahora les aseguro: ¡No lo es!

Esa misma semana, al salir de una clase un compañero me manifiesta que no soporta a la profesora y dice lo siguiente “seguro es una solterona amargada, le falta un macho”. Por supuesto, al emitir ese comentario, él no sopesó el trasfondo machista que tiene su argumento. Por tanto lo increpé de inmediato por considerar que la actitud y apariencia de una mujer dependen de la existencia de un hombre, que la satisfacción sexual de una mujer depende de un pene. Luego él trató de zafar aduciendo que no había querido decir eso, que yo no entendí a lo que se refería, pero acabé insistiendo en que era él quien no entendía el machismo que lo domina. Le grafiqué la situación con su madre: él me presenta a su madre, ella no me recibe bien, pero yo en vez de pensar que tuvo un mal día, que estaba cansada, aseguro que está así porque su marido no la satisface. Dijo haberlo comprendido, pero no se disculpó porque sigue creyendo que su comentario no posee mayor gravedad. Eso a mí sólo me demuestra que no entendió nada, que la sociedad entera, incluso ciertas mujeres, no entienden nada cuando hablamos de feminismo, de equidad, de derecho a la diferencia.

Las mujeres no somos un objeto dependiente de la atención de un hombre, somos un ser muy complejo, como todos los demás seres. Necesitamos que se nos regrese nuestra identidad, nuestro derecho a ser reconocidas, a ser respetadas, a tener personalidad propia, a enojarnos, a gritar, a llorar, a responder a nuestras emociones con libertad, a ser solteras, a no ser madres, a vivir y viajar solas, a reír a carcajadas, a vestir como se nos dé la gana. En fin, no necesitamos un día para que se compadezcan  de nosotras o fijan alegría de que exista nuestro género, necesitamos equidad; no necesitamos un día, necesitamos que se nos reconozca como un ser diferente, nunca inferior.

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6 thoughts on “Diferente, nunca inferior

  1. Lo podías decir más alto, pero no más claro. Las mujeres no deseamos ser iguales porque somos diferentes. Hay una frase de un gran escritor granadino, Ángel Ganivet que dijo…”La mujer tiene un solo camino para superar en méritos al hombre: ser cada día más mujer.” Diferentes. Buenas noches.

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