¿Son los chilenos el problema de Chile?

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Hace unos días La Legal, un sitio de noticias falsas e irónicas, publicó una nota con un alarmante titular: “Científicos afirman que el problema de Chile son los chilenos”. Sin duda, en cuanto leí la noticia, la compartí en mis redes sociales. Sin embargo, luego de la excitación viene la baja de ánimos, como en todo orden de cosas, por lo tanto, camino a la Universidad estuve pensando seriamente en ese problema que representamos los chilenos para el país.

Todos en conjunto (ayudados por un montón de instituciones que invierten más en publicidad que en docentes de calidad) hemos transformado la educación en una mercancía y el título universitario en un adorno que se luce cada vez que se desea fama en el medio social.

Ese día pensé que quizás no es tan descabellado problematizar la incidencia de la colectividad denominada “los chilenos” en todos los problemas que enfrenta Chile como nación. Ahora, cabe destacar que este artículo no es un mero intento de estigmatizar al linaje de “los chilenos” y culparlos de sus desgracias. Este es tan solo un intento de reflexión para pensarnos como nación que en su afán de desarrollo debe desandar ciertos caminos y replantearse ciertos conceptos.

La primera atenuante para declarar a los chilenos culpables del problema de Chile es el poco interés que tenemos por educarnos y el gran interés que tenemos “por sacar un cartón pa’ ganar plata”. Todos en conjunto (ayudados por un montón de instituciones que invierten más en publicidad que en docentes de calidad) hemos transformado la educación en una mercancía y el título universitario en un adorno que se luce cada vez que se desea fama en el medio social. De este modo hemos relegado la búsqueda del conocimiento a la última opción de nuestras vidas, transformándonos en una sociedad ignorante cuya prioridad y fin último es conseguir dinero para subir en la escala social.

La segunda atenuante tiene que ver con nuestro desinterés por la política, pues ya ni recuerdo la última vez que todo el pueblo informado (sin distinción de clases sociales) fue a votar para elegir al más sabio de los ciudadanos como representante del orden y el bien común. No sé si tal nivel de conciencia política se ha tenido alguna vez en este país. Podemos culpar a los políticos de cuanta suciedad se nos ocurra, pero no podemos eximirnos de nuestra responsabilidad en el hecho de que un inoperante rija el modelo de nación que imaginamos, si es que imaginamos uno.

La tercera: nos creemos una raza especial entre nuestros pares. Durante muchísimo tiempo hemos considerado que somos primos-hermanos de los ingleses, que somos geniales porque blanqueamos a nuestros indígenas y que no tenemos nada que ver con los países fracasados de Latinoamérica. Claro, si nuestra economía está tan bien, somos absolutamente mejores que todos los muertos de hambre que nos rodean. Si nos alcanza para los mejores autos, tenemos televisores último modelo y hasta pagamos por la educación de nuestros hijos.

Haciendo una generalización, acaso injusta, estas problemáticas no dejan de tocar las fibras de todo ser humano que haya nacido atrapado entre mar y cordillera y se haga llamar chileno. Todos hemos sido criados de la misma forma: individualistas, neoliberales, con aires de grandeza, con repudio a lo indígena, a lo moreno y a lo negro. No me digan que no si todos hemos estado en un nacimiento en el cual la gente se alegra “porque la guagua salió blanquita”; todos hemos querido escapar de la escuela pública porque ahí hay niños diferentes a los nuestros, de menor calaña; todos hemos querido estudiar en la universidad “para ser alguien”, para “ser mejor que mi papá”, pero nadie ha querido educarse para ser un buen ciudadano, para ser parte de una comunidad integradora que mejore con las diferencias no a pesar de éstas.

Es hora de que reconozcamos que Chile no es responsabilidad tan solo de quien está al poder, tenemos que comenzar a tomarnos en serio nuestro papel de ciudadanos y hacernos cargo de lo que hemos creado. Gran parte de lo que somos se debe a que somos hijos de una sociedad neoliberal cuyo único fin es formar mano de obra no-pensante que cumpla su labor, coma chatarra y sonría cuando reciba su sueldo a fin de mes; sin embargo, hace mucho rato que podríamos haber comenzado a educarnos. El conocimiento está ahí, al alcance de la mano: proliferan libros en internet, hay al menos una biblioteca en cada ciudad y al menos un cerebro por cada ciudadano.

Por Cristal
Publicado originalmente en Revista El Fracaso

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