Noventa y tres

Quizás soñar
sea la única forma
de continuar una existencia.

Quizás el anhelo del futuro
sea la única forma de seguir dando
pasos en el conflictivo camino del existir.

Quizás apreciar pequeños detalles
de los tiempos idos
y sonreír al evocar
la bella imagen
sea la única forma
de vivir.

Noventa y uno

El tema es que en esos días
andaba con las emociones a flor de piel
me alegraba
me daba nostalgia
me conmovía
y –hasta– me enamoraba
cada tres o cuatro segundos.

Ventaja:
Escribí como nunca antes
poemas cuentos y demases
fluían por mi lápiz
como tinta por mis venas.

Desventaja:
Sufrí como solo quien ha andado
con las emociones a flor de piel
sabe.

Noventa

El título de ese capítulo de mi vida: exploración.
Por primera vez estaba explorando las tierras
infértiles de mi agotado corazón.
Hace ya varios años
había decidido que ángel habría de ser el primero
y el último,
el único.
Hasta ahí
el corazón estuvo inmóvil,
muriendo al tiempo que sufría.
Todo eso hasta la sonrisa de Augusto
que sin esfuerzo alguno
reemplazo el ya borroso recuerdo de ángel
el tibio sabor de sus besos
el hedor de su traición.

Ochenta y siete

Cada noche le leía
“La sonrisa de Augusto”,
un cuento que escribí hace años.
Al terminar la lectura él me preguntaba
si Augusto era un hombre de mi pasado;
yo le decía que solo era ficción
y él me preguntaba atónito cómo es que una sonrisa tan dulce
capaz de conmover a un poeta
adorna el rostro de un hombre con semejante nombre

La vida se complace en presentarnos la belleza en las más terribles contradicciones, decía yo finalmente, cerrando el libro junto a los recuerdos de aquella sonrisa contradictoria que me cautivó hace años. La naturaleza es extraña, pero no ilusa.