El extenso imaginario de mi noche

He pensado toda la jornada sobre la cantidad de veces que me he quedado con textos a medio corregir o incluso sin escribir. No he podido dar con un número. En la hondonada de la noche es cuando más siento que produzco textos, pese a que muchos de ellos jamás llego a plasmarlos. Solo se me ocurren, los escribo, los reescribo, borro párrafos enteros, cambio hechos, bautizo personajes. Todo eso en el mundo de mis ideas, en el intangible mundo donde me expreso con tanta claridad, tanta libertad que nunca quiero regresar. Es en la noche cuando pienso, cuando el calor de la ciudad me abandona y me siento capaz de adentrarme en los oscuros terrenos de la fragilidad del ser. Y me dan tantas ganas de ser yo misma. Hay que ver como lo logro, porque me invento y me reinvento cuantas veces quiero y nadie me juzga. Nadie me dice lo mal que va todo y el poco sentido que cargan lo hechos.

Es mi historia la que escribo cuando imagino libremente sobre el imaginario papel. Blanqueo cada rincón de la oscura y eterna noche con alcohol e historias que jamás verán la realidad porque la gloria la tienen ganada en el otro lado de la noche. Y de ese, no se regresa.

Noventa y nueve

Tomo la poesía
como una rosa
que deshojo lentamente
No con el afán de destruirla
sino para dividirla
y gobernarla
y analizarla
desde sus pequeñas piezas

Tomo la poesía como un bien preciado
donado por los dioses
para darle algo de sentido
a este existir

Tomo la poesía
como una rosa
que deshojo lentamente
no con el afán de destruirla
sino para conocerla en profundidad
y de una vez
y para siempre
hacerla mía

Noventa y seis

Anoche soñé contigo
o con lo que me encanta de ti
y vieras lo fácil que es enamorarse de ese tú
que invento en mis sueños.

Incluso despierta sigo soñando
con tus ojos sobre los míos
tus canciones bailando con mi silueta
tus poemas coloreando mi sombra.

Ni qué decir de tus manos creativas
sobre mi piel
y qué fácil es volver a enamorarse.

Noventa y cinco

Así
vamos haciendo
camino al andar
como nos señalara
el cantor alguna vez.
Y es cierto,
no hay nada más excitante que la adrenalina
de hacer camino al andar,
de ir ciego con la luz
de la esperanza como guía
haciéndose fuerte
y salvando cualquier escollo

a punta de sueños.