Hasta que te conocí

DSC01744

 Certeza de encontrar algo mejor
solo eso
algo mejor

Cuando lo conocí, o cuando empezamos a tocar temas que ayudan a conocer a la gente, me dijo que soñaba con una casa en el campo, un perro y muchos libros. No le creí, porque en el fondo sabía que me estaba queriendo confesar su desesperación por encontrar su lugar en el mundo, su lugar con alguien en el mundo. Claro, le hubiese gustado que fuera yo. Pero sabía perfectamente que no sería yo. Si me permiten confesar: hubiese querido ser yo quien acurruque sus miedos cada noche, pero no quiero que sea él quien cargue con mis inseguridades cada día. Lo bueno es que desde ese momento, desde esa tarde de cerveza en el campo, nos quedamos prendados el uno del otro. Y no es algo común y romántico, es que en el fondo ambos estamos quebrados, venimos con una falla de fábrica y nadie ha podido repararnos. Quizás cuando nos vimos la primera vez identificamos nuestras debilidades y quisimos unirlas para sanar un poco, para dejar de victimizarnos en la vida. Entonces, nos tomamos de las manos, recorrimos en secreto muchos recovecos de la ciudad y nos adentramos en los más oscuros callejones de nuestra existencia. Fuimos víctimas de ese diálogo en el que te sumerges y ya no regresas igual, te transforma, te redime. Entonces te encierras en en el dulce amargor de la pena vuelta catarsis. Ya no te importa su sexo, ya no te preocupas por sus defectos, lo quieres a tu lado porque te renueva el alma… y eso, amigos míos, si aún no lo han vivido, no lo podrán asimilar, pues cuando naces con una alita rota, deambulas por el mundo sin más que esperanza abrigada en los bolsillos mientras en mundo te patea con su felicidad casi evidente. Cuando eres desgraciado, todo a tu alrededor te parece mejor y vagas con la espina de la alegría ajena que jamás roza tu vida. Hasta que llega él, que no es más feliz que tú y que comprende de qué hablas cuando dices que estás cansada de soñar, que ya no te quedan cumpleaños porque hace tiempo que reconociste que no celebras un año más de vida sino uno menos. Todo esto ha sido solo un preámbulo, una cuenta regresiva para lo único que no es ilusión: la muerte. Y él lo sabe, lo siente. En ese momento, soltar su mano sería el único crimen. No querer verlo sonreír, sería la única forma de negarte a ver tu sonrisa proyectada. No conmoverse cuando te dice que odia a los niños, pero amaría ser el padre de tus hijos, es rayar en la locura.

*

Quisiera simplemente saber que he vivido para combinar las cinco letras de mi nombre, LAURA, con los cinco sueños de mi vida: felicidad, virtud, amor, maternidad y reivindicación. Quisiera saber que he vivido para aprender a conjugar verbos esquivos, como: abrazar, besar, acariciar, añorar, acompañar. Saber que reír y llorar no son opuestos, son complementarios.

En definitiva, quiero seguir viva. No sé a qué más podría aspirar. Si he llegado hasta aquí, no tendría a bien rendirme ahora.

Claro, esto último, solo lo pude escribir, hasta que te conocí.

4 thoughts on “Hasta que te conocí

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s