Para abajo

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Me he ido acostumbrando a escribir para abajo.
Pero no necesariamente escribo poesía.

Pocas cosas en el mundo pueden hacerte temblar como un poema.
Pocas cosas en el mundo pueden conectarte con tal fuerza a las palabras.
Y eso es lo que me ha convertido en adicta.

No escribo manjares para  los dioses
Pero me sincero en cada línea.
Eso es todo lo que quiero
Si no he venido a ser feliz, entonces he estado perdiendo mi tiempo.

No quiero ser la competencia de nadie.
No quiero que mis versos sean tan bellos como los de Escandar Algeet.
Tan solo quiero desahogar el deseo.

No necesariamente escribo poesía
Pero me es imperativo intentarlo para sentirme viva.

Cincuenta y ocho

A veces parece que entregar afecto no fuese inherente al ser humano.

En mi huerto las abejas polinizan sin distinción pero a mí algunas flores no me caen en gracia.

No es que me fije en las apariencias pero las mariposas me caen mejor que las lombrices.

Ni qué decir de mis vecinos. Los clasifico por colores, formas y rangos.

Pero no soy mala. Es que en este país todos estamos bien clasificados. Cada cual en su lugar. Así ha sido siempre. Así ha de continuar.

Desde el nacimiento hasta la muerte.

Cincuenta y siete

Hay una mujer
manos blancas, cabellera frondosa
palabra justa, ojitos de lluvia.

Hay una mujer
cuya vida no me pertenece
mas mi vida es suya por completo
su beso es mi bienvenida a casa.

Hay una mujer y una ausencia
y un abrazo de cuerpo tibio
que se va quedando vacío
entonces mi vida entera
se cae a pedazos
y
vacía
también
se
queda.

Cincuenta y seis

Hay un alto de correspondencia no enviada sobre mi escritorio
no sé si corresponde que te lo diga de esta manera
pero llevo años pensándote
escribiéndote
[amándote]
Tampoco sé si correspondas a mi amor
pero estoy segura de que
al menos
me corresponde plasmarlo
ante la imposibilidad de
entregártelo

Cincuenta y cinco

Baja el río intempestivamente
abriendo surcos a su paso
con una fuerza de la que solo la naturaleza es capaz
aquella fuerza con la que el río recobra su cauce
y reclama su territorio.
A ese coraje de tener memoria
y valorarse como elemento de este todo
a eso llamo valentía

Cincuenta y cuatro

Vi una vez una bella sonrisa
fue en el rostro de Agus
Recuerdo vivamente el día en que su sonrisa
contagió de alegría mi vida
en una noche de nieve navideña y alegría juvenil

Aquella bella sonrisa quedó inmortalizada en mi memoria
junto al deseo de que el rostro de Agus
nunca pierda esa bella conexión con el mundo exterior
esa manera tan increíble de decirle –con imunidad–
al mundo lo que es la felicidad