Cuarenta y dos

La cera de mi cuerpo se cae
desarmando mi espigada estructura
victima del calor

La luz de mi mecha es inestable
lágrimas derretidas
corren por mi cuerpo

Sin embargo

Soy algo más que
mi desordenado aspecto
sobre el candelabro

Soy la luz que ilumina el portal que divide 
tinieblas de conocimiento
soledad de miseria
amor de eternidad

La escritora

Soy la escritora intrusa. Aquella que revela lo que otros no quisieran ver públicamente. Soy la que recuerda lo que nunca sucedió. Soy la escritora que observa con detención y luego dice frases que nadie sabe complementar o contestar. Soy la que narra hechos con la delicadeza que no se nota en el cotidiano. Soy la escritora que necesita ojos, sonrisas y gestos en los rostros para convertirlos en letras e inmortalizarlos en textos basados en hechos que, según mi antojo, son reales.

Soy la escritora que calma la necesidad de transformar la realidad a través de piezas que siempre se ven más bellas en papel que en vivo y en directo.

En resumen y sobre todo

Soy la escritora que no sabe quién es cuando escribe.

Bandini

Soy Antonio Bandini. En el fondo siempre lo he sido. Sin embargo, no había querido caer en cuenta de que también soy las naranjas que le quitan el hambre y los dólares que le faltan en el bolsillo. Soy Camila, la mesera cuyo amor no lo alcanza y la señora que le cobra la renta sabiendo que Bandini no tiene un peso, sino que tiene letras fracasadas que compartirle al mundo. Los Bandini nunca viviremos de nuestras letras, lo sabemos. Pero viviremos para alimentar el sueño que montamos al plasmar cada letra en el papel que mantiene viva la esperanza. Por fortuna, los Bandini no escribimos para que nos ame el mundo, escribimos para salvarnos de él.

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